Tuesday, October 10, 2006

El texto perfecto para obtener un hermoso UNO

Farenheit 9/11 es un documental en el que se intenta culpar de forma indirecta a George W. Bush de los atentados del 11 de septiembre del 2001. ¿Por qué indirectamente? Simple, porque en ninguna parte de la película Michael Moore mostró algo que evidenciara que Bush había planeado el atentado, sino que se limitó a mostrar evidencias que lo vinculaban a él o a sus intereses con el hecho.
Dentro de esas evidencias está la ineficiencia de Bush como presidente desde un inicio e incluso la forma fraudulenta en que ascendió al poder. Sin embargo, el énfasis está puesto en la relación que mantiene la familia Bush con la familia Bin Laden y los beneficios que obtuvieron ambas con el atentado a las torres gemelas. Esto último da para pensar, abre un amplio espectro de posibilidades que apuntarían a Bush como el gran beneficiado con todo el caos: sus empresas multiplicaron sus ganancias, pudo utilizar el miedo para lograr que el pueblo norteamericano se volviese totalmente manejable, tuvo excusas para enviar tropas a un territorio que hace tiempo tenía en la mira, obtuvo protagonismo a nivel mundial, etc, etc, etc.
Si bien la imagen de Bush jamás ha estado en una posición privilegiada, y de seguro con este documental nunca tendrá la más mínima posibilidad de estarlo, al presidente norteamericano no le preocupa. Qué más da tener una pésima imagen y pasar a la historia como un hombre que engañó a su pueblo, si millones y millones de dólares fluyen sin detenerse directo a sus bolsillos. ¿Y si todo lo expuesto por Moore no fuese más que basura mal intencionada? Da igual, Bush “nada” en dinero y rara vez dice algo inteligente frente a las cámaras ni fuera de ellas, basta sólo recordar el fragmento de la conversación que fue captada por unos periodistas, en la que él se refirió al desastre que estaba ocurriendo entre Israel y Hezbolla como una “mierda”.
¿Y si Bush sólo fuese un niño caprichoso que quiso jugar a Presidente? ¿Puede ser el poderío de Estados Unidos sólo un preciado juguete para él, un interesante juguetito mágico que puede ayudarlo a conseguir todos sus más desquiciados sueños infantiles? Quizás estas preguntas encuentran claras respuestas en la película de Michael Moore. Allí podemos ver a Bush jugando a hacer muecas antes de dar un importante discurso a la Nación, jugando con el miedo de su pueblo dando mensajes de amenazas terroristas y luego mostrando uno de sus tiros de golf o sugiriendo lugares donde ir de paseo, prefiriendo ir de pesca en vez de leer importantes documentos. Jugando a la guerra (enviando a muchos jóvenes norteamericanos directo a la muerte) para tener excusas para gastar más en armamento, obtener más petróleo y más ganancias para continuar el juego.
Otro punto importante que fue tocado en el documental, fue la decepción de muchas madres norteamericanas que enviaron a sus hijos a la guerra, mientras que sólo un congresista había enviado uno de los suyos. Haber puesto sus ilusiones en que sus hijos estaban realizando un gran servicio al país y luego recibir cartas de ellos en que hablaban de decepción y de la horrenda muerte de gente inocente era un duro golpe. Más aún si luego sus hijos también resultaban asesinados. ¿Cómo no sentirse engañadas por el “honorable” señor Bush? ¿Cómo no apuntarle con un dedo acusador? ¿Cómo no correr a la infranqueable Casa Blanca en busca de una respuesta? Muchas de esas mujeres estaban orgullosas de la política de su país, muchos de esos jóvenes asesinados provenían de familias de escasos recursos y habían visto en el hecho de alistarse en el ejército una posibilidad de alcanzar sus sueños. Ahora, todo ese orgullo y todos esos sueños estaban destruidos. Certeras o no, todas las miradas de rencor y desilusión se dirigían a un solo hombre: Geroge W. Bush.
¿En que pensaba Bush cuando, sentado en el jardín de niños, fue avisado sobre el atentado? ¿Pensaba acaso en como volcar ese hecho a su favor? ¿Pensaba en buscar culpables que le conviniesen? ¿Imaginaba acaso todo lo que ocurriría después? ¿O simplemente pensaba: “Qué “mierda” haré ahora”?







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